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Innovación - 20/02/2017

El verdadero costo de las aplicaciones móviles gratuitas

4 min Tiempo de lectura

La incorporación de los dispositivos móviles inteligentes, los smartphones y las tabletas, permite que por fin en cualquier lugar y momento podamos llevar todo Internet en nuestro bolsillo. Si bien la creación en 1989 de la World Wide Web (www) y los navegadores de Internet abrieron paso a dos décadas donde poco a poco la sociedad fue accediendo a la información a través de páginas web, han sido los smartphones quienes han traído una verdadera revolución digital, cambiando las reglas de juego tanto en lo tecnológico como en lo social. Los móviles con Internet han sido una de las tecnologías más disruptivas, sino la más, de las últimas décadas, permitiendo que personas de cualquier edad utilicen Internet con facilidad a través de estas pequeñas ventanas digitales. Gracias a ellos, hemos pasado de usar Internet, a vivir en Internet.

Aladino frotaba una lámpara para pedir al genio que le concediera tres deseos, y pareciere que hoy día al frotar o tocar las pantallas táctiles de nuestros dispositivos móviles pudiéramos saciar cualquier deseo y/o necesidad a través de alguna de las múltiples aplicaciones móviles o apps disponibles en las tiendas digitales (AppStore, Play Store, Microsoft Store…). Pantallas táctiles y apps intuitivas son usadas por niños y niñas que apenas saben andar y hablar, pero que sin problema buscan sus vídeos favoritos y juegan a videojuegos que cautivan tres de sus cinco sentidos: la vista, el oído, y sobre todo, el tacto. También abuelos y abuelas que durante dos décadas se resistieron a navegar por la entonces llamada autopista de la información, ahora lo hacen con gusto por medio de los móviles y los programas de mensajería instantánea que les acercan a sus familiares.

Muchas de estas aplicaciones, la gran mayoría, son gratuitas y aparentemente inocuas. Pero no es oro todo lo que reluce: en Internet, si no estás pagando por algo, no eres el cliente, eres el producto que se vende. Muchas apps gratuitas están hambrientas de nuestra información y por eso necesitan recopilar nuestros datos personales ya que su modelo de negocio se basa en el uso y venta de la información que disponen de cada usuario.

Las apps que viven de nuestros datos, aprovechan todas las características que les proporcionan los dispositivos móviles para recolectar información de forma habitual y consentida, ya que antes de poder acceder a nuestros datos personales nos piden permiso. Somos los usuarios quienes autorizamos esa recolección al instalar la aplicación por primera vez, y debemos ser nosotros también quienes deberíamos evaluar si los beneficios que nos reporta usar una app en concreto, superan los inconvenientes de ceder parte de nuestra intimidad.

Si bien es cierto que para el correcto y eficaz funcionamiento de algunas apps es necesario que autoricemos el acceso a varios sensores y contenidos de nuestro dispositivo (geolocalización, agenda de contactos, imágenes, mensajes de texto, fotos, vídeos, historial de llamadas…) otras apps se aprovechan de la ingenuidad y despiste de los usuarios para solicitar acceso a estos datos con fines meramente comerciales. ¿Realmente necesita una app que hace las veces de linterna acceso a nuestra agenda de contactos? ¿Merece la pena vender la información privada de mis amistades a cambio de esa cantidad de luz en un momento determinado y breve?

Autor : Urko Fernández Román, director de proyectos de PantallasAmigas y colaborador de Dialogando

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