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Innovación - 12/04/2017

Mensajería instantánea, ¿una oportunidad formativa?

5 min Tiempo de lectura

WhatsApp es, en Latinoamérica y España, la última app que los adolescentes entre 14 y 19 años revisan al acostarse y la primera al levantarse, según el estudio FindOUT elaborado por Find a Sense.

De hecho, esta aplicación de mensajería instantánea es la más utilizada por los menores tengan o no smartphones propio, ya que, en ocasiones, participan en grupos de chats a través de los teléfonos móviles de otras personas de su familia o grupo de amistades.

La mensajería instantánea a través de cualquiera de sus aplicaciones facilita la comunicación entre los diferentes grupos de personas que rodean a niñas, niños y adolescentes: mamás, papás y hermanos; abuelas y abuelos, equipos deportivos, amistades del colegio, etc. Como afirma el estudio “WhatsApp es para gastar el tiempo libre y estar en contacto con los que les importan”. Disponer de esta aplicación de mensajería es para los menores un entorno de socialización y pertenencia a su grupo de iguales, algo que debe tenerse en cuenta para su educación y toma de decisiones sobre si deben disponer de ella o no.

La mensajería instantánea es un medio de comunicación asíncrono, es decir, no requiere que emisor y receptor estén presentes para el envío de mensajes. Sin embargo, en ocasiones, el uso que le damos, la impaciencia y la rapidez en la que nos vemos inmersos, nos obliga a contestar al instante. Esta obligación es autoimpuesta, por lo que tenemos una gran oportunidad de trabajar con nuestras hijas e hijos la paciencia, el reposo, la espera tranquila, la reflexión… también al usar estas aplicaciones.

Existen otras aplicaciones como Line, que no requiere de conocer los números de teléfono, sino que los contactos se realizan por nombres de usuario; Telegram, en ocasiones mirada como más segura por su diferente cifrado de mensajes; o Kik, aunque no es la más extendida, con un uso primordialmente adolescente. Existen otras que nacen (o desaparecen) como Rumr, para chatear con amigos de manera anónima, aunque también otras herramientas sociales son usadas como mensajería instantánea. Por ejemplo, en Instagram las y los adolescentes usan la función de mensajes directos (habitualmente llamados privados) a modo de chat, o Snapchat.

En líneas generales, es importante entender estas aplicaciones como herramientas de comunicación, aunque en ocasiones las personas más jóvenes (aunque también algunas adultas) tienden a confundir algunos usos: se agobian si no les contestan, no saben decir que no cuando están en un grupo que no quieren, creen que deben contestar a todos los mensajes, en ocasiones controlan a sus parejas a través de mensajes o simplemente creen que el doble check azul es que la otra persona ha leído el mensaje y “pasa” de él o ella. ¡Y nada más lejos de la realidad! El doble check azul implica que la otra persona a abierto el mensaje, no que lo haya leído.

Así, en esta ocasión me gustaría hablar de algunos retos, pero sobre todo de muchas oportunidades que nos encontramos ante la mensajería instantánea. De hecho, es importante entender que, si se usa mal WhatsApp, el responsable no es WhatsApp, sino las personas que la usamos:

 

OPORTUNIDADES

– Educación en herramientas de comunicación como medio para entablar contacto con otras personas y no como fin en sí mismo.

– Educación en respeto a uno mismo y a los demás para cuidar y atender a todas las personas por igual.

Educar en empatía, sobre todo en no hacer daño a otras personas. Además, educar en saber decir que no a quien es dañado y en ayudar a los iguales si están presenciándolo, pero teniendo claro que la guía es no dañar, y no solo aprender a defenderse.

– Favorecer la gestión del tiempo. Los adolescentes no saben hacerlo, pero podemos enseñarles.

– Educar en el envío de contenido adecuado y selectivo a cada persona y en la no redifusión de contenido inadecuado que haya podido llegar.

 

RETOS QUE LIMITA

Sentimiento de estrés y necesidad de conexión constante.

Desconexión del entorno físico: en ocasiones las personas están usando las apps para comunicarse con quienes están lejos olvidándose de quienes están cerca.

– El control interpersonal, en las parejas jóvenes, entre amistades…, se ejerce en muchas ocasiones a través de las TIC.

– Tiempo excesivo de utilización, así como horarios de uso inadecuados a cada edad y etapa escolar.

Envío y difusión de contenido inadecuado.

Teniendo en cuenta estas oportunidades y retos, ¿qué consejos podemos tomar en cuenta? Pues, como en cualquier otro espacio comunicativo, educación en valores: respeto hacia uno mismo y a los demás y empatía. Con todo, podemos ofrecer algunas ideas que pueden tenerse en cuenta:

-cread normas conjuntas de uso de WhatsApp u otras aplicaciones de mensajería. En algunas familias han llegado a crear un contrato de uso adaptado a la edad de las hijas e hijos, pero ojo, mamás y papás debéis dar ejemplo y acogeros a dichas normas.

-realizad con ellos un calendario semanal con los horarios de estudios, ocio, deporte… La tecnología puede estar inmersa en todos los horarios, por lo que puede ser interesante incluir límites de uso a las actividades y no tanto a una hora concreta, por supuesto, adaptado a cada menor.

mostrad ejemplos, a través de noticias, por ejemplo, de usos correctos e incorrectos del uso de estas aplicaciones y debatid lo ocurrido. Permite diferenciar hacer daño, de defenderse, y es primordial que además de saber decir no, los menores aprendan a no hacer daño.

Estas tres ideas pueden ser extrapoladas a toda la tecnología que nos rodea, de hecho, la educación en valores es transversal, por lo que esta formación también debería serlo. Aprovechad para educar en la conectividad en general y en la comunicación con los demás en particular. Eso sí, somos su ejemplo, tengámoslo siempre en mente.

 

Autor: Diana González, especialista en educación y TIC de la Escuela de Tecnología del Planetario de Pamplona y colaboradora de Dialogando.

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